Salud mental: mucho discurso, poco cuidado

Por Liubava Kobylinskaia-Vashchuk (@chile_lu)

Psicóloga, terapeuta Gestalt (EAGT), docente de psicología y de terapia Gestalt.

Nunca habíamos hablado tanto de salud mental. Pero ¿hemos aprendido realmente a cuidarla?

Según el Ipsos Health Service Report 2026 (una encuesta internacional de población que realiza cada año una de las mayores compañías de investigación del mundo), la salud mental ocupa hoy el primer lugar entre los problemas de salud que las personas consideran más graves en sus países. En promedio, en 32 países, el 48% de los encuestados la identificó como uno de los principales problemas de salud. En 2018, solo el 27% respondía de esa manera.

En Chile, la proporción de personas que consideran la salud mental un problema grave aumentó del 26% en 2018 al 68% en 2025. Es decir, en siete años la cifra creció más de dos veces. En el estudio de 2025, el 40% de los chilenos encuestados señaló que, durante el último año, había atravesado varias veces períodos de dos semanas o más en los que se había sentido deprimido, triste o sin esperanza casi todos los días. Fue el porcentaje más alto entre los 30 países estudiados. A modo de comparación, en 2024 fue del 36% y en 2021, del 39%.

¿Por qué, pese a la enorme cantidad de conversaciones sobre salud mental y al creciente reconocimiento de su importancia, el nivel de malestar psicológico subjetivo no muestra una disminución sostenida?

La salud mental no es simplemente la ausencia de trastornos: forma parte de nuestra capacidad para afrontar la vida, relacionarnos, trabajar y participar en la comunidad. Como psicóloga, observo que con frecuencia la salud mental se convierte en una especie de valor virtual: existe mucho más en las palabras y en las ideas que en las acciones concretas. La reconocemos como importante, pero seguimos actuando muchas veces como si fuera un recurso inagotable. Dormimos menos de lo necesario, normalizamos niveles altos de estrés, sostenemos vínculos o ritmos de vida que nos desgastan y buscamos ayuda cuando el malestar ya interfiere con nuestra vida diaria.

La salud mental adquiere especial visibilidad en determinadas fechas del calendario (por ejemplo, en octubre aparecen numerosas publicaciones sobre el tema). Hablan de ella médicos, políticos, profesores e incluso influencers. Pero sigo viendo que las personas acuden al psicólogo a menudo cuando ya han comenzado a experimentar dificultades psicológicas.

En otras palabras, la salud mental preocupa, pero no siempre se cuida.

Y ahí está la paradoja. Hemos aprendido a reconocer el lenguaje de la salud mental mucho más rápido de lo que hemos aprendido a modificar las condiciones que la deterioran. Sabemos hablar de estrés, límites, agotamiento o autocuidado, pero seguimos considerando normales formas de vivir y trabajar que con frecuencia van en la dirección contraria.

Y, por supuesto, no se puede dejar de mencionar que todavía existe una brecha real entre «hablar de salud mental» y «tener acceso efectivo a una atención de calidad y de largo plazo».

Cuidar la salud mental no es únicamente una responsabilidad individual. También interpela a las familias, a los empleadores, al sistema educativo, al sistema de salud y a la sociedad en su conjunto.

El siguiente paso es pasar de la preocupación a la prevención: invertir tiempo, atención y recursos antes de que aparezcan los problemas.

Hablar más de salud mental ha sido un avance. Pero ahora necesitamos cambiar nuestros estándares: revisar qué seguimos considerando aceptable, aunque tenga un costo alto para nuestra salud mental, y dejar de normalizar aquello que la deteriora.

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